Waffle-era Tea Room: Un espacio para el esparcimiento intelectual gastronómico.

Con la idea de pasar una agradable tarde nos encontramos en el Viejo San Juan, por aquí, por la Calle Tetuán en busca del nuevo establecimiento de la gofrería gourmet y salón de té, la Waffle-Era. En el camino le preguntamos a un peatón dónde actualmente se localiza, y éste aclara, “La Waflera dirás, (–como mejor se le conoce–) pues ahora está en la Calle San José, al sur, es muy cerca del antiguo local”. Ya en la calle que se nos ha indicado resta saber cuál es el edifico, ¡allí esta!, es el número 252. El antiguo edificio de Puerto Rico Illustrado, que fue erguido para el año 1923 y que ostenta una entrada engalanada por elementos arquitectónicos arabescos.

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Una vez dentro nos transportamos a un salón de té a principios del siglo XX. Un lugar influenciado por el estilo “steampunk”, que se muestra centralmente en la tecnología que se utiliza para hacer el café. Del mismo modo, el amplio espacio de romántica iluminación juega un maravilloso contraste de ambientes con el resplandor del patio interior.
En el perímetro de paredes blancas que han sido concebidas y amuebladas por mobiliarios hechos en casa nos encontramos con la multifacética e innovadora pareja creadora, Pamela Calderón y Ricardo Figueroa, quienes en un principio se dedicaron a hacer proyectos y conceptos para otras personas, hasta que decidieron elaborar uno para ellos, ¡la primera gofrería y salón de té! Pamela cuenta que durante un viaje en el que paso por Bélgica pensó que en la Isla no hay gofres ‘waffles’ como los que se comen en ese país. Como resultado, ambos experimentaron ‘from scratch’ distintas confecciones de mezclas. En los intentos “alquímicos” inventaron una masa belgo-boricua que fungirá como la base de toda comida tanto dulce como “savory” (salada), que acompañan con una amplia variedad de té y tisanas.

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El par fue poco a poco creciendo la carta en lo que el concepto fue estableciendo su identidad de “Foodie-Schoolhouse”. Este modelo permite al cliente degustar platos pre-diseñados o desarrollar su plato eligiendo entre los ingredientes dulces o salados que deleitará sobre el ‘waffle’ o ‘wafflito’ (el pequeño ‘waffle’). Se gana así la experiencia de ser introducido a los componentes del manjar, a lo que Pamela llama “la deconstrucción del plato que permite ver las cosas en su forma justa”, preciso para poder identificar los materiales promoviendo su individualización perpceptual y exploración.
Por otro lado, hemos llegado al momento de la elaboración del café. Como ya sabemos, aunque Waffle-era es un Tea Room o Salón de Té, el café cobra importancia debido a la tecnología utilizada, cónsona con principios del siglo pasado, queda dejar a Ricardo explicar el proceso del sifón de fuego que es un espectáculo. “Es cuestión de fuego, tiempo y temperaturas. El sifón de fuego actúa como las ollas y coladores de las abuelas, rescatando el buque tradicional del café “colao” puertorriqueño. Mientras lo ejecuta añade, “El proceso es un “slow brew” que se extrae mejor las cualidades. El resultado es una taza de café fuerte y sin sabor amargo”. Y para sentir las sutilezas del fragante elixir que Ricardo habla, me lo tomo negro y sin endulzante. ¿Qué puedo decir?, no puedo estar más de acuerdo con lo que dice éste, “El café (de ’La Waflera’) no es un buche amargo”.

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Siguiendo con el perfil de las bebidas pasamos a conocer el proceso y la tradición de la cultura del té. En primer lugar es preciso mencionar que Ricardo desde joven ha tenido gran simpatía por tal bebida, afición que fue fomentando durante sus viajes al extranjero como fotoperiodista internacional. Al presente Waffle-era Tea Room, primer salón de té de Puerto Rico, cuenta con un mundo de té desplegado en cristalería circular ubicada sobre las estanterías del área de preparación de bebidas. Entre la variada oferta que proporciona la distribuidora de té y tisanas Cultura Adoquín a la gofrería, se hallan sobre 30 sustancia representativas de distintos países y la posibilidad para el cliente de generar incontables combinaciones. Además, todos las sustancias son de hoja entera, de origen certificado y en su mayoria orgánicas.
Ahora nos preparan el ‘Chinese Blooming Tea’, donde se introduce un arreglo compuesto de hojas de té y flores deshidratadas a un envase de cristal lleno agua hirviente. En el transcurso que le toma el agua penetrar el ramo, se puede ver como las hojas y flores que han sido cosidas a mano van apoderándose del área hasta que finalmente parece coexistir vida vegetal en el agua humeante.

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Luego del espectáculo del té, el aroma de la mezcla ‘homemade’ horneada al momento, anticipa que se avecinan los comentados ‘wafflitos’. Con la opción de ingredientes dulces o salados partimos a la encarecida asignación filosófica de Pamela y Ricardo, la de degustar, celebrar los ingredientes y la mano que estuvo detrás de su concepción y confección.
Comenzamos con el “signature dish” dulce, el delicado “cream brulee”, puesto sobre una cama de miel y chocolate acompañado por crema batida entre dos pequeños “wafflitos”, donde la principal crema se sirve dentro del “wafflito” superior y se carameliza al momento.

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Por la línea de lo salado degustamos el “Green egg and ham” coronado por una esponjadita bola de clara de huevo batida con especias verdes (así como un merengue) rellena de una pasta de queso de cabra y el sutil pesto de la casa sobre una cama de prosciutto “al soplete”.

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Para los amantes del salmón ahumado acierta el “Pink pam’s”, combinado con tomates ‘cherries’ y queso de cabra, donde se llevan muy bien los fuertes sabores del pescado y el queso.

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Por último y no menos importante, a diferencia de las tradicionales gofrerías europeas con su ya conocida oferta de confecciones dulces, en la gofrería belgo-boricua Waffle-era Tea Room se innovó y tanto puedes desayunar como almorzar en medio de la ausencia de convencionalismos. Bridget, la gerente, nos cuenta como “al principio los comensales se presentaron rehacios a gofres con ingredientes salados y té como bebida principal, pero luego de casi tres años de exploración son estos los favoritos”. Como en un escenario del cuento de Alicia en el País de las Maravillas las preconcepciones se trastocan y no cabe otra posibilidad de que disfrutar del espacio y la experiencia a la vez que se degustan sabores de Puerto Rico y el mundo. Y cabe recordar las palabras de un principio, vinimos con la expectativa de pasar una encantadora tarde en la Waffle-era, alias La Waflera, y terminamos cautivados por la mundología de los agentes gastronómicos que montan su número de la mano creadora.

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